martes, 23 de agosto de 2016

Demora sanitaria

Comentan las malas lenguas que aquéllos surgidos de las aguas turbias, ancestralmente hablando (claro está), somos seres perezosos por naturaleza, será por la extrema lentitud con la que nos desplazamos o por tanto hacer la “plancha”, me pregunto en soledad. Y respondo: “al final parece que esperaste demasiado, lagartón”. Es sabido que uno a veces se deja estar, e incluso desoye mandatos personales desligándose de los compromisos, elude la rutina y hasta verse al espejo cansa. Aunque llamado a actuar no queda otra opción que reaccionar positivamente y salir a lo que sea, y ahí está la clave, porque en esas situaciones, por lo común suele provocarse en mi interior cierta resistencia casi orgánica, avanzada voluntad evasiva mortalmente presta a recostarse y contemplar el ocaso a través de la ventana, y si llueve y refresca mejor, más poético. Por ese motivo jamás podría haber sido médico, ni bombero (menos voluntario), tampoco policía, Dios me guarde, me santiguo siete veces... Volviendo al principio de mi propia alocución, todavía me encuentro envuelto en el compromiso de confesar ante mí mismo (frente al espejo del botiquín, dado el caso), que quizá esperé mucho tiempo para contrapesar el criterio sobre lo que esperaban de mí los demás, porque es muy triste reconocer que nunca hubo nadie esperando algo bueno de esta pobre iguana de pantano, ni en vida de mis desilusionados progenitores. Entonces reflexioné (haciendo gran esfuerzo mental), que dicha espera podía ser eterna, por supuesto exagerando, ya que nunca pretendí la eternidad; “lo único que me faltaba”, dije en voz alta, “con lo mal que se vive”, reproché seriamente, “eso sí sería una verdadera desgracia. ¡Joder!” 

S.F.
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