sábado, 4 de agosto de 2018

Existencialista


Articular universos de la nada
sin explicar el sentido
saltando escalones hacia abajo
en búsqueda de una luz incomparable
del sombrío elemento
que se diluirá en agua
la sal de las cosas
purificará todo el terreno
laberinto carente de norte
refugio vano de la cellisca
porque una vida turbia y recelada
conduce a un renacimiento enmendador
al constante arrebato de transponer límites
ya que nuestra existencia
siempre precede a nuestra esencia.
S.F.

martes, 26 de junio de 2018

Condena


Triste secuela
del embrutecimiento cotidiano
es la prueba
de que el mal nunca descansa
y ese vulgar
castigo supremo
está lejos de ser la muerte
por el contrario
es este ilusorio residir
maniatados por las circunstancias
que impiden toda reacción
y ni siquiera
en último caso
nos permite sentir indiferencia.
S.F.

martes, 22 de mayo de 2018

Turgencia de las horas

Se oían hurras en la cima de la pendiente. “Seguramente alguien supera otra meta personal”, suponía Dimitri. “La realidad puede verse partiendo desde muchas aristas, aunque en lo alto el panorama es total”, continuaba reflexionando para sí, pese al esfuerzo descomunal del ascenso. “Claro es el cristal donde las vidas se reflejan, pero toda gran roca acumula la hipérbola del saber”, sintetizada Dimitri triunfante, sumido en la inconmensurable letanía del silencio, y pese a sentirlo, casi tocarlo, constataba que el cielo, tal como su deseo lo moldeara desde el llano, todavía era un objetivo inalcanzable.
S.F.
Este texto forma parte del libro inédito: “Una pulga en el lomo del mundo”


domingo, 22 de abril de 2018

Breves crónicas de Buenos Aires

La revista colombiana Quira publicó la primera de mis Breves crónicas de Buenos Aires. Para quienes quieran leerla copio el link.
Sergio Fombona nace en 1964, en Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina. En 1990 integra la Primera Antología Ilustrada, Editorial Urano; 1992, Premio “Leopoldo Marechal”, Ediciones Barrio de Belgrano, antología. Premio Iniciación S.A.D.E. en el género cuento breve; 1993, Mención de la Edi...
QUIRA-MEDIOS.COM

lunes, 19 de marzo de 2018

Viaje surrealista hacia el nudo del ombligo


Otra vez, como hace bastante, bastante tiempo, créase o no, este anfibio de morondanga volvió a ser chiquito, diminuto encogiéndose como salido del escuálido cuerpo batrácico. Es solamente un síntoma, asumí tomándome la fiebre ¿indicio de qué calamidad?, preguntaba para mis adentros con geta de escuerzo que se tragó una colilla encendida. Ni lerdo ni perezoso, automedicándome, me clavé un geniol y, tapado hasta las orejas, sudé calculando que mi temperatura corporal era de treinta y nueve grados, sin embargo entre las sábanas parecía diez bajo cero. La cuestión es que emigraba como lagarto de arroyo, pero no escapando, inexplicablemente debía hacerme chico por un rato y después retornar a mi tamaño. Además, al hacerme pequeñito, todo, de golpe, era muy grande, se sobredimensionaba la realidad, ontológicamente hablando, la vida se me revelaba de manera extraordinaria, gozosos los ojos, sentía cosquillitas bajo las plantas de los pies; tomatelás, rana, censuré enseguida. Te estás volviendo loco protozoario, me reproché después, sabiendo que lo peor, o bien dicho, absurdo de la situación, era que en ningún momento me había adentrado en un sueño, mucho menos profundo, porque aquello ocurría conmigo despierto, vivito y temblando de frío. Derecho como un alfiler, tironeado desde el mismísimo nudo del ombligo, este corchete soportó su viaje surrealista, en medio del silencio más pavoroso y cobijado por una oscuridad total, si es que existe esa figura. Pero la noche pasó y al otro día por suerte volví a ser adulto, a pisar firme el suelo, a estar debidamente convencido de quién era y de qué aspiraba, a dormir tranquilo volví, aunque ni pudiera ni pudiese asegurarlo ni en sueños, ¿cachai huevón?
S.F.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Nada está dado


Se dice que las cosas pueden darse
a través de un contexto complementario
como piezas que encajan
unas dentro de otras
pero incluso en la maquinaria más perfecta
hay determinado deterioro
tanto friccionar y friccionar
que en definitiva triunfa el desgaste
se engranan los extremos
fundiéndose en sí mismos
y por más que parezca descabellado
ni masa quística
tampoco líquido artificial
logrará devolverle su funcionamiento
y finalmente se nos irá la vida
tratando de hallar esa parte correcta
que no se quebrante ni se ensamble,
aunque somos nosotros como individuos
quienes debemos brillar por dentro
superando prejuicios propios y asimilados
rémoras de falsos ejemplos restrictivos
para que en definitiva, con el mecanismo andando
aparezca aquella pieza o las que hagan falta.

S.F.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Frases huecas

Roberto ingresó con suma prudencia a su casa paterna, lo condicionaban los objetos, retenían ese ominoso aroma del recuerdo. La primera infancia es la base donde se sustenta la vida, razonaba Roberto, haciendo una somera recorrida por aquellas habitaciones familiares, comprobando que los cacharros seguían en su lugar. En la ancianidad las personas se manejan con pocas cosas, parecen regirse guiadas por la costumbre. Roberto quiso enfrentarse solo a su pasado, preservado deliberadamente entre esas altas paredes cascadas. Si al ser humano lo moviliza el deseo de trascendencia, este ámbito no confirma la regla. Le costó animarse a cruzar el angosto pasillo. Nunca creyó que iba a poder abrir esa puerta. Su padre tendría su edad actual cuando lo forzó a entrar. Lo separaban treinta años de la última vez. A la larga todo se paga; si hacés el mal te vuelve; irá derechito al infierno. 

S.F.

El cuento “Frases huecas pertenece al libro inédito: “Una pulga en el lomo del mundo”