martes, 23 de agosto de 2016

Demora sanitaria

Comentan las malas lenguas que aquéllos surgidos de las aguas turbias, ancestralmente hablando (claro está), somos seres perezosos por naturaleza, será por la extrema lentitud con la que nos desplazamos o por tanto hacer la “plancha”, me pregunto en soledad. Y respondo: “al final parece que esperaste demasiado, lagartón”. Es sabido que uno a veces se deja estar, e incluso desoye mandatos personales desligándose de los compromisos, elude la rutina y hasta verse al espejo cansa. Aunque llamado a actuar no queda otra opción que reaccionar positivamente y salir a lo que sea, y ahí está la clave, porque en esas situaciones, por lo común suele provocarse en mi interior cierta resistencia casi orgánica, avanzada voluntad evasiva mortalmente presta a recostarse y contemplar el ocaso a través de la ventana, y si llueve y refresca mejor, más poético. Por ese motivo jamás podría haber sido médico, ni bombero (menos voluntario), tampoco policía, Dios me guarde, me santiguo siete veces... Volviendo al principio de mi propia alocución, todavía me encuentro envuelto en el compromiso de confesar ante mí mismo (frente al espejo del botiquín, dado el caso), que quizá esperé mucho tiempo para contrapesar el criterio sobre lo que esperaban de mí los demás, porque es muy triste reconocer que nunca hubo nadie esperando algo bueno de esta pobre iguana de pantano, ni en vida de mis desilusionados progenitores. Entonces reflexioné (haciendo gran esfuerzo mental), que dicha espera podía ser eterna, por supuesto exagerando, ya que nunca pretendí la eternidad; “lo único que me faltaba”, dije en voz alta, “con lo mal que se vive”, reproché seriamente, “eso sí sería una verdadera desgracia. ¡Joder!” 

S.F.

domingo, 24 de julio de 2016

Pérdida y transformación del ser

En su lecho de muerte sintió que se iluminaba por dentro, cuando se corporizó en sí misma a los tres años de edad dialogando a medias palabras con su primer amigo perruno, en un irrepetible momento de extremísima lucidez, despojada de prejuicios, radiante, genuina.
S.F.

jueves, 23 de junio de 2016

Cardenal

Serenamente ajustaba sus fúlgidos penachos, el gorro frigio cubriéndole la frente, adivinando desde esa alta montaña a pastores de pie en la quebrada rocosa, mujeres del pueblo con sus vestidos de domingo, al rechoncho dibujante que en carbonilla inmortalizaría la hazaña. Cómplices de su locura, la sonrisa se adueñaba del paisaje cuando se arrojó y las alas respondieron, el entusiasmo le colmaba el pecho en ese glorioso planeo. Aunque un repentino cambio de brisa lo obligó a virar hacia un flanco, enseguida consiguió enderezar el brusco descenso. Saboreaba aire límpido, le golpeaba la cara desnuda, aleteando para sostenerse seguro de que aquella plenitud se acercaba a la felicidad. Pero un viento del este, soplando con más fuerza, finalmente lo desplumó. Tendido boca arriba sobre la hierba, miles de plumas de avestruz esparcidas por la quebrada, quedará flameando para siempre en el recuerdo colectivo su brevísimo y memorable vuelo escarlata. 

S.F.

martes, 17 de mayo de 2016

El mago

-Nada por aquí, nada por allá...¡Pero quién fue el degenerado que me lo cambió de lugar!

Isidoro Blaisten. Cuentos cortitos así, texto perteneciente al libro El Mago, 1974.

sábado, 16 de abril de 2016

Azul oscuro

El comisario P. estaba orgulloso de su familia, siempre les hablaba a los subalternos de que había logrado “la parejita” y de que Marina era lo mejor que le podía haber pasado en la vida. Pero todos sabían que hacía llevar a su oficina a los presos jóvenes para usar sus “dos pistolas de la ley”, como le gustaba decir, una para la sien y la otra para la boca, explicaba el comisario P. con sonrisa burlona.
S.F.

lunes, 14 de marzo de 2016

A renglón seguido

Me dije echo todo por la borda (terminología marítima empleada en el habla del común), pensando neutramente: si a los batracios se nos renueva la piel por completo varias veces al año; jugué con la idea absurda dando por sentado (cavilando como leguleyo) que cambiar era sencillo para una larva temblequeante y huyendo hacia el futuro, mientras me convencía de estar en pleno proceso de cambio (frase de la jerga política), situación que muchas mujeres suelen afrontar recurriendo a la estética, sin hilar fino (regla de costurera); los lagartos no van al cielo (afirmación netamente religiosa), sentencié para mis adentros, hablando en potencial, y por primera vez en la vida oír mi patético gimoteo me alivió; salirse de uno mismo permite apreciar el panorama (parábola seudo psicológica), pero los seres tristes no conseguimos dejar de serlo ni por un instante y es por ese motivo que todo esfuerzo es vano (enunciado pesimista a ultranza), aunque convirtiéndome en abogado del diablo -en latín: advocatus diaboli- (denominación popular que se le daba al defensor público en los procesos de canonización de la Iglesia Católica), de mí mismo -si se me permite el divague-, a renglón seguido (expondría un narrador), sin afán de lucro (fijaría un juez) la realidad supera la ficción (enunciado facultativo), balbucí apagando la luz pero padecía una trasnochada noche (nótese la creativa paranomasia) y no hice otra cosa que prenderla -figurativamente hablando (detallaría un artista visual)-, como para caer en la cuenta (alocución típica de contador público) de mi chiste malo con cierta temeridad de hombre rana; y, sin decir “agua va” (máxima de plomero), pensé para mis adentros (repaso de sordo mudo –en la modernidad hipoacúsico): mañana será otro día (obviedad campechana), tratando de contar ovejitas (antiguo remedo ineficaz para curar el insomnio), ole, ole. 

Este texto se publicó en el número 76 de la revista Odradek, en enero de 2013. 
S.F.

miércoles, 17 de febrero de 2016

El derrotero de la vida es un reloj sin agujas

Una concesión no es una pausa
y si se pierden las pocas certezas
mal plantado, tiritando de bronca,
zanjar resueltamente un nuevo cause,
eludir pronto la puerca desazón de estar vacíos
porque no se linda gratis con el cielo
ni se anhela tanto lo que mata,
sin luna como vector volver a pensarse
ya que nunca hubo reemplazo
como no hay tardes similares,
ni terruños ni cortezas,
aunque todo salga peor en días nublados
y la masa amanezca sumida en su indiferencia
sólo los cobardes esperarán soñando
hamacados con el impulso del devenir,
abatidos por un silencio mórbido del pasado
inmersos en el misterio que los trasciende.

S.F.