No sé si vale la pena ni tampoco con qué finalidad voy
a dejar sentada por escrito esta pequeña experiencia de anuro, pero vuelve a zumbar
en mi mollera osificada como recurrente melodía nostálgica. Se dice que a corta
edad ciertos sucesos se consolidan impactando en nuestro carácter, no obstante es
tan llanamente absurda, nimia de toda nimiedad mi anécdota, que una sombra de
vergüenza la estorba y nubla, impidiéndole rebobinar mi pretérito a esa zona
crepuscular del cerebro primitivo donde tintinea vagamente, clausurando pasillos
y conectores repletos de archivos neuronales. Bicéfala y olímpica, la
maquinaria siempre separa con empírica rapidez, desdeñando casi sin pensar aquello que uno quisiese
retener, aunque sólo sea por capricho. Así se disloca descontrolada y ya no se
puede sujetar ni por un segundo más nuestra escuálida chispa vivencial, que
seguirá su curso hacia los fondos sombríos del vacío de la mente, de donde tal
vez jamás regrese.
Dado el caso puntual, me siento autorizado para aseverar
que lo peor en estos procesos no es la tozudez de una memoria recelosa ni mucho
menos, lo verdaderamente infame y contaminante en todo el sentido de la palabra
es la lucha interna desigual, porque esa pobre evocación microscópica debe de
enfrentarse solita a un sistema censor que selecciona situaciones gloriosas en
permanente desmedro de aquellos tímidos hechos, siendo generoso en la
calificación al adjetivar a estos últimos.
Para concluir, después de haber garabateado en vano
media página tratando de revelar ese piojoso recuerdo que me había propuesto
contar con lujo de detalles, y poniéndome en el lugar de esa humilde contingencia
momentáneamente olvidada, advierto que no estoy para ninguna remembranza, y guay
que me vengan con la nula excusa trilladísima de que el sufrimiento te hace
crecer o te vuelve artista, semejante tontería cuéntesela a los batracios de
charco, a mí me fortalece un buen plato de sopa, buseca de mondongo bajada con
un pingüino tinto de la casa, y ya que estamos flan mixto de vainilla bien
cargado, ¡qué joderse!
S.F.
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