Le pesaba terriblemente la cabeza,
insistía en cargar todo su peso hacia delante.
Los brazos, títeres, como medias tendidas,
acompañaban colgantes y vencidos
desoyendo el mandato cerebral.
Nada peor que la modorra,
decía el hombre para sí mismo
después de haber almorzado como un buey,
aunque se equivocaba
este sueño era nuevo, excesivo,
recién lo descubrió cayendo redondo al suelo,
pero ya no volvería a levantarse.
insistía en cargar todo su peso hacia delante.
Los brazos, títeres, como medias tendidas,
acompañaban colgantes y vencidos
desoyendo el mandato cerebral.
Nada peor que la modorra,
decía el hombre para sí mismo
después de haber almorzado como un buey,
aunque se equivocaba
este sueño era nuevo, excesivo,
recién lo descubrió cayendo redondo al suelo,
pero ya no volvería a levantarse.
S.F.
6 comentarios:
hay almuerzos que te comen...
me gustó el poema, saludos!
Gracias, Gabriela, lo definiste muy gráficamente. Saludos.
La gula poetizada...Excelente!
Con afecto,
Silvia Loustau
Gracias, Silvia, por la visita y el comentario, valoro tu opinión, saludos.
Me gustó mucho tu texto breve, tan palpable y expresiva la caída de ese cuerpo acabado
Gracias, Laura, por tu atenta lectura y por tomarte el trabajo de escribir un comentario. Saludos.
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