martes, 10 de marzo de 2026

Casa de masajes

Esa mujer ejercía todo su poder y el cliente dejaba hacer, estirado cuan largo era con las piernas apenas abiertas, los brazos cruzados sobre el pecho. Aquella actividad lo relajaba hasta el grado de ceder al sueño, y esa mujer seguía su labor, oyendo graves ronquidos separaba los dedos entre húmedos algodones, cortando prolijamente cutículas, con oficio y paciencia puliendo bordes, limando y luego esmaltando las cuadradas y gruesas uñas de los pies.

S.F.

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